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Aquella mañana apacible, húmeda y nublada

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1 Aquella mañana apacible, húmeda y nublada el Sáb Sep 20, 2014 2:15 am

Sheryl Hudson

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Pro Master/Servant
"El siempre había querido una hija"

Me había dicho la tia D.

"Es una suerte que tu hubieses aparecido esa noche, de no ser por ti, seguiría igual de amargado"


Bromeó mientras me sonreia calidamente... ¿Porque te atormentas en sueños?

Me desperté. Nuevamente seguía haciendome la misma pregunta desde hacia años, y seguía sin respuesta. La mañana era apacible, húmeda y nublada, por lo tanto miré el reloj sobre la mesita de noche junto a mi cama.

--Ya es tarde...

Me dije adormilada mientras me deshacia de mis sabanas y me ponia de pie en direccion a la ducha. Silencio. Solo un terrible e insondable silencio. Habría dado mi alma solo por escucharle llamarme desde la cocina, diciendome que el desayuno estaba listo, escuchar el televisór encendido en el canal de noticias al que nunca prestaba atención,  mientras el chispeante sonido del aceite hirviendo, o del agua alanzando su punto de ebullición para el té de la mañana pudiesen llegar a mis oidos como una melodía extrañada.
Evoqué en mi mente su voz, la calidez con la que me miraba pese a no ser su hija biológica, la amabilidad con la que siempre me trató desde ese horrible día que apenas recuerdo.

Sin darme cuenta estaba a mitad de la ducha cuando el sentimiento de nostalgia se albergó en mi interior. Tan rápido como me fue posible terminé  de bañarme y me coloqué ropa un tanto abrigadora, lo mas probable es que en unas horas comenzara a llover de nuevo. Antes de salir tomé mi abrigo junto con mi sobrilla y mi maletín y me dirigí a Oxford; Era la primera vez en aproximadamente 3 años desde que volvería a hablar con ese sujeto.
Su nombre era Charles Magnussen, La primera y única vez que lo había visto fue en el funeral de Greg, mi padre adoptivo, y el de la tia D. Sinceramente, en cuanto recibí la llamada de Magnussen no supe que decir ante su propuesta.

"Veamonos a las afueras de tu universidad, me gustaría hablar contigo respecto a aquel suceso, si a ti no te importa"


Y lo cierto era que no me importaba, al menos ya no, después de todo, había contado todo a la policía, a los agentes especiales de Scotland Yard y había sido catalogada con las palabras "perturbada" o "en estado de shock" y "transtorno mental psicótico" Pero, ¿Que podrían saber ellos realmente? No estuvieron allí.

--Lamento llegar tarde... Señor Magnussen.

Me disculpé tan pronto llegué a la banca donde lo vi, sostenía un café en su diestra mientras en la otra mano sujetaba un sobre amarillo, estaba sentado en una de las bancas a las afuera del campus, y a sus espaldas pude ver a un par de guarda espaldas. No podía permitirme llegar tarde, pero accidentalmente la hora de la cita habia caducado 5 minutos atrás.

--Oh, no te preocupes, querida, sientate, ¿Fue un trayecto dificil el que tuviste?.

Me preguntó con una cálida e inusual sonrisa, La primera vez que lo había visto se le veia severo, casi como si fuese de piedra.

--Gracias, en realidad fue mas bien agitado.

Afirme mientras me sentaba a su lado con gesto sereno.

--¿De qué exactamente queria que hablaramos?

Pregunté al notar que la mirada que me dedicaba era de intriga, probablemente al no saber como comenzar.

--Bien, una chica a la que le gusta ir directamente al punto, eso es bueno...

Bromeó brevemente antes de tomar un sorbo mas de café y dar un corto suspiro.

--¿Estás segura de que lo que sucedió en la casa de la sargento Donovan, lo que le dijiste a la policía y a Scotland Yard... es lo que sucedió realmente?

Pude notar claramente cierta incertidumbre, duda e incredulidad en el tono de su voz, aun me era difícil recordar sin que los cabellos de la parte posterior de mi cabeza se erizaran, junto con cada terminación nerviosa.

--Sr. Magnussen... Lo que le dije a la policía, a Scotland Yard, a la prensa y a cada persona que me ha preguntado al respecto es lo que realmente pasó... Agradezco que, gracias a su intervención mi declaración no figuró en el periódico matutino del siguiente dia, pero... creame. Lo último que haría seria ridiculizar la muerte de quienes me acogieron como parte de su familia de esa manera.

Franca y directa. Asi debía de ser mi respuesta, o al menos lo suficiente como para que el Señor Magnussen desviara sus brillantes ojos azules en un gesto de meditación y acariciara su tupída barba de color castaño claro.

--Ya lo veo... Entonces, realmente existen personas que pueden hacer esa clase de cosas, y por desgracia no recibir ningun castigo...

Soltó con un suspiro mientras me extendía el sobre que llevaba en su mano. Lo tomé algo dudosa, mirándole en busca de una explicación.

--Estuve investigando, Sheryl, El incendio de hace 13 años, en el que estuviste involucrada. Estabas oculta en la casa donde se originó el incendio, tu padre y tu madre fallecieron allí, pero tu no, además había evidencia de una acalorada batalla, salvo que la mayoría de las pruebas se vieron afectadas por el incendio.

Me limité a escucharle atentamente, sabía a donde estaba llegando, "¿Que clase de persona sobrevive de esa manera tan extraordinara a menos que sea un milagro" Pero no era tal cosa, era algo mucho mas retorcido que eso.

--Hace seis años, tu y Lestrade fueron a casa de la sargento Donovan, y fueron atacados, Ellos dos mostraron heridas que, según las pruebas, no fueron hechas con ningún instrumento físico, y sin embargo estaban muertos, como si la nada les hubiese asesinado. Tu, vaciaste el cargador del arma de lestrade, pero según las pruebas de balística los casquillos de las balas, pese a tener la apariencia de haber sido impactados contra algo solido, no dieron contra absolutamente nada. Eso, me temo, no es algo que se vea todos los dias, ¿O si?

Su voz tomó un tono un poco mas amable mientras se ponia de pie, el tenia razón, yo había contado una historia totalmente absurda, pero por desgracia esa era la verdad, la prueba de ello era ese libro que había estado leyendo desde entonces, una y otra vez, mientras refinaba mis habilidades.

--En el sobre hay un billete de avión a japón, no estoy del todo seguro, pero puede que allí encuentres las respuestas que aquí no haz encontrado... Ya hablé con tu tutor y con el director de Oxford, te darán una beca de intercambio, asi no perderás tus estudios y quizas encuentres las respuestas que tanto queremos saber. Cuidate mucho, Sheryl...

Sin mas, se despidío antes de que pudiese protestar, entró a su automovil seguido de sus guarda espaldas y se marchó como si nunca hubiese estado allí. Ahora, uno de los hombres mas importantes de Londres acababa de darme un billete a Japón, ¿Que esperaban que descubriera allí?

Saqué el billete del sobre y lo contemple antes de esbozar una sonrisa ¿Qué mas tenía que perder? Tal vez la oportunidad de hallár un sentido a la locura en la que siempre he estado envuelta se me presente en aquel lejano lugar. Al llegar a casa me apresuré a empacar mis cosas, entre las cuales guardé un portaretratos con la foto de Lestrade, y Donovan yel libro que aquel sujeto me arrojó hacia años. Una vez guardé todo miré alrededor de mi habitación... recorrí cada rincón de la casa y me detuve en la habitación de mi padre, entré y me acerqué al cajón donde solia guardar las cosas importantes, allí pude encontrar enmarcada la primer foto que nos tomamos juntos; ya que no podía recordar el dia de mi cumpleaños verdadero, el día que me encontró entre los escombros de Dartmoor se convirtio en mi cumpleaños. Sonreí y una furtiva lagrima se escapo sin que lo notara.

--Padre... Tia D... averiguaré lo que sucedió, lo prometo...

Guardé el portaretrato en su lugar, y tomé el frasco de loción que el solia usar.

--Me lo llevaré como recuerdo, padre, no te enojes conmigo...

Musité cuardando el frasco medio lleno en mi maleta antes de salir de la casa, despedirme de ella con un movimiento sutíl de mi mano, e irme en dirección al aereopuerto, hacia un destino que aun no conozco.

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